Una de cada dos visitas al médico se realiza porque el paciente siente algún tipo de dolor, por lo que éste se considera el síntoma más común. Pero, como son numerosos las causas que pueden producirlo, es importante observar las características que presenta para determinar si se trata de un trastorno pasajero o de unas enfermedad de carácter más grave.

Los dolores crónicos son aquellos que, ya sean constantes o intermitentes, se padecen durante mucho tiempo, como los de la artritis. Los agudos son los que se presentan de forma repentina y suelen durar entre unos minutos y unas horas. Ambos pueden ser locales o generalizados, según la zona del cuerpo que afecten.

Aunque estas definiciones son claras, los dolores de algunas enfermedades distintas pueden ser bastante similares y, en consecuencia, prestarse a confusión y a no ser interpretados correctamente. Para ilustrar el caso, pueden mencionarse ciertos dolores torácicos, que tanto pueden ser causados por un ataque cardíaco, en cuyo caso puede peligrar la vida del afectado, como por una indigestión, que no es más que un leve trastorno gastrointestinal.

Cuando se trata de un ataque al corazón o de alguna otra enfermedad grave, la vida de una persona puede depender de que reciba la atención médica apropiada, por lo que es esencial distinguir los síntomas que caracterizan los trastornos menores de los que apuntan a una situación de gravedad.

Dolor localizado en la cabeza

Se localizan en la cabeza distintos tipo de dolor, tales como la cefalea o «dolor de cabeza», el dolor de oído y los dolores dentales. El dolor de cabeza es, por lo general, un trastorno pasajero que suele olvidar cuando desaparece.

Sin embargo, también puede ser síntoma de problemas que revistan mayor gravedad. Cuando el dolor es tan intenso que puede describirse como «el peor que se ha tenido en la vida», es conveniente llamar al médico.

Hemorragia cerebral. La hemorragia cerebral o subaracnoidea puede presentar diversos síntomas: cefalea intensa y repentina, y a menudo acompañada de vómitos; deterioro progresivo, en minutos u horas, de la visión, el habla y la sensibilidad; debilidad súbita o pérdida de sensibilidad en una extremidad o en dos (por ejemplo, en una pierna y un brazo), y, ocasionalmente, también en la cara; visión doble; dificultad para hablar; vértigo (sensación de que gira el cuerpo o lo que lo rodea); falta de coordinación o dificultad para tragar; pérdida de conciencia, poco después de comenzar la cefalea. Frente a estos síntomas, es ineludible acudir de inmediato al servicio de urgencia.

Abscesos dentales. Entre los síntomas característicos de un absceso dental se cuentan el dolor pulsante en un diente o una muela, el dolor al masticar y, en general, al ingerir bebida y alimentos muy calientes o muy fríos.

Puede presentarse acompañado de fiebre, inflamación de los ganglios linfáticos del cuello y malestar en la encía. En ocasiones, aparece en la encía, junto al diente dolorido, una ampolla llena de pus que, de abrirse, dejará en la boca mal sabor, pero aliviará el dolor.

Si el absceso no recibe ninguna clase de tratamiento, el dolor puede llegar a desaparecer temporalmente, pero la infección permanecerá, y puede llegar a ocasionar una lenta destrucción del diente, por lo que es muy conveniente acudir al dentista de inmediato.

Dolor de oído. El dolor acompañado de la sensación de tener «algo» dentro del oído y de que ha diminuido la capacidad auditiva, cuando no se ha introducido un cuerpo extraño ni se ha recibido golpe alguno, puede estar originado por una otitis media, es decir, una infección del oído medio.

Las infecciones del oído pueden ser muy dolorosas. La otitis externa puede producir picor, pérdida auditiva y supuración de pus.

Cuando un bebé llora a menudo e intenta llevarse las manos a las orejas, es muy probable que sufra una otitis.

Las infecciones del oído son relativamente fáciles de tratar y, en la mayoría de los casos, es improbable que se produzca una pérdida auditiva permanente. De todas formas, hay que acudir al médico lo antes posible para que prescriba antibiótico o el tratamiento conveniente.

Entre las medidas previas para aliviar el dolor figuran cubrir el oído con un paño humedecido con agua tibia y administrar algún analgésico, pero nunca se deben poner gotas en el oído afectado.

Meningitis

El dolor de cabeza intenso acompañado de fiebre, vómitos, confusión o somnolencia y rigidez en la nuca, puede ser indicativo de una meningitis. Esta grave enfermedad se produce por una infección o inflamación de las meninges, membranas que rodean la masa cerebral. Dado que si no se trata a tiempo puede ser mortal o causar lesiones de por vida, es imprescindible solicitar asistencia médica con urgencia.

Migraña

Cuando una cefalea es intensa y afecta más a un lado de la cabeza que al otro, puede tratarse de una migraña. En estos casos, el dolor suele ser de tipo pulsante y durar desde unas pocas horas hasta varios días. Otros síntomas que pueden acompañarla son los mareos, los vómitos y la visión de luces centelleantes o de puntos negros. La migraña es muy dolorosa y puede entorpecer el desarrollo de las actividades habituales, pero no pone en peligro la vida del afectado y no hay indicaciones de que conduzca a otros trastornos. No obstante, debe acudirse al médico, para que descarte cualquier enfermedad más grave y prescriba un tratamiento para evitarla o combatirla si vuelve a producirse.

Dolor torácico

Los dolores en el tórax se cuentan entre los síntomas más difíciles de interpretar. Una simple indigestión puede producir dolor torácico, en especial cuando está acompañada de una ansiedad creciente por la posibilidad de que obedezca a un ataque al corazón.

El dolor torácico también puede ser producido por estornudos y tos repetida a consecuencia de una alergia. Si los accesos de tos son muy intensos, pueden producir la fractura de una costilla, así como dolor en los músculos intercostales. Asimismo, el estrés puede causar, en el tórax, una opresión parecida a la de un ataque al corazón.

Ataque cardíaco. El ataque al corazón se produce cuando se obstruye una de las arterias que suministran oxígeno a músculo cardíaco.

Puede ir precedido de dolor torácico (angina de pecho), que se mantiene durante días y semanas después de haber realizado un esfuerzo, o incluso estando en reposo. También puede presentarse sin dolor alguno.

Por definición, un ataque cardíaco es una urgencia médica: ante la sospecha de encontrarse en este caso se debe llamar o acudir de inmediato al servicio de urgencias. Si quien lo sufre deja de respirar, la persona que le acompañe deberá aplicarle un tratamiento de reanimación.

En los casos de ataque cardíaco, la demora en buscar asistencia médica cuesta miles de vidas todos los años. Es vital llamar de inmediato al servicio de urgencias y pedir una ambulancia. El afectado no debe nunca intentar llegar al hospital conduciendo un coche.

Síntomas del ataque cardíaco

Un ataque al corazón, que debe ser atendido con toda urgencia, se caracteriza por los siguientes síntomas: